I
Red Mental
Al borde del Horizonte, Cygnus X-1 llenaba el cielo. “Es un logro estar aquí”, pensó y llegó un sentimiento de orgullo que primero fue extraño pero después le hizo sentir culpable. Pocos conocen el orgullo desde que las mentes están en Red. La Red poco a poco ha disuelto el ego, el orgullo es un sentimiento vergonzoso. “Este viaje me ha exigido un aislamiento que pocas personas conocen. La soledad me traería sentimientos extraños, ya se me había advertido”.
Al principio, cuando la Red daba sus primeros balbuceos, las personas reaccionaron en oposición, agrandando inútilmente su individualidad. Pero eso duró poco. Y llegando la interfase cerebro-computadora, la muerte del ego fue imparable. Las personas fueron absorbiéndose cada vez más en la Red: con la interfase integrada al cerebro los chats se volvieron telepatía y cualquier actividad en línea un acto verdadero de mentalismo. Así las individualidades fueron revolviéndose, mezclándose hasta que nació la Red Mental. Muchos incluso conectaron a la Red extensas porciones de su sistema nervioso, de sus órganos, de sus funciones fisiológicas. Sensaciones, percepciones y pensamientos de todos en la Red. A partir de ahí los cambios han sido muy rápidos. En trecientos años ha sido posible construir cohetes que alcanzan velocidades superlumínicas deformando el espacio-tiempo, sin contradecir a la Relatividad. Eso y muchas otras cosas impensables en las Edades Oscuras, han sido logradas por la Red Mental que ahora somos.
En todo esto pensaba contemplando el azul iridiscente de Cygnus X-1. ¿Porqué venir aquí? En las Edades Oscuras se creía que el primer viaje interestelar, en caso de un día poderse hacer, debería dirigirse hacia la estrella más cercana con algún planeta orbitándola. El planeta, entre más parecido a la Tierra, mejor. Ésta claramente es una empresa ególatra. En el fondo tiene por objeto la búsqueda de nosotros mismos. Cygnus X-1 en cambio, es una estrella que orbita a un agujero negro.
II
Multiverso
El transmisor por entrelazamiento cuántico es una máquina que recuerda otras épocas. Mantener confinado a un arreglo de trillones de átomos sin que el mundo afuera los moleste requiere de mucho acero y campos magnéticos enormes. “Como desentona el transmisor” pensó, “sin embargo es seguramente el aparato más importante”. En la Tierra también se guarda celosamente una copia perfecta del grupo de átomos que ahora orbita a Cygnus X-1 dentro el hosco transmisor. Voces, datos, imágenes y textos; todo se convierte a cambios de orientación magnética en los átomos confinados. El efecto de entrelazamiento hace el resto. Mensajería instantánea a ocho mil años luz, la distancia no importa. “Pero todavía no nace el tercer transmisor”. Esa es la misión. Preparar a un tercer transmisor, que sea la copia del segundo y por lo tanto también del transmisor que está en la Tierra. Los tres enlazados. Ocho mil años luz entre el primero y el segundo. Todo un Universo entre el tercero y los otros. El tirón gravitatorio del agujero negro de Cygnus X-1 ofrece energía inagotable, necesaria para crear un sarcófago mucho más fuerte pero infinitamente más sutil que el acero. Estando listo, se dejará entonces caer al tercer transmisor, caer más allá del Horizonte, cruzando el borde del agujero negro. “Claro que debe ser cierto”, pensó. Nuestro Universo madre de otros Universos. “¡Pero claro que sí! ¿Si no, adónde va la energía que engullen los agujeros negros?”. En consecuencia, los Universos hijas que se reproducen son aquellas capaces de tener a su vez agujeros negros. “Así se favorece la generación de Universos con leyes físicas similares. Las mismas leyes físicas que han permitido la gestación de la vida”. “¡Eso es! Debe ser cierto. Los Universos más aptos son aquellos que pueden engendrar la vida”. Comprobarlo es la misión.
Comprobar la ley de selección natural cósmica. Comprobar que la vida no evoluciona en un único mundo, ni en muchos, sino de Universo a Universo a Universo…
III
Ego
Se reconectó a la Red. “En el punto de mayor altura del muro de Adriano……”
“……..dada la co….”
“Sigue la ley de Zipf y seguramente es por lo tanto un lenguaje natural……..”
“….. la atmósfera pre-eléctrica del filme Barry Lyndon es ante todo un logro técnico, pero
desde una perspectiva histórica…….”
“….El tiempo general del no-desarrollo humano existe también bajo el aspecto complementario de un tiempo consumible….”
“…”
“El tercer transmisor ha sido colocado en la órbita de Cygnus X-1″- Dijo.
Silencio. Todas las voces callaron, atentas.
Hasta ahora había siempre conservado cuando menos su lazo con el laboratorio terrestre. Pero activar el tercer transmisor demanda una desconexión total de su parte. Hecho.
El vacío, la intensa luz del astro cercano. El tirón gravitatorio del hoyo negro, que le hacía notar toda su corporalidad, sentir su propio peso al fin.
“Yo no soy mente tan solo, mucho menos un pedazo de software en la Red Mental, tengo cuerpo”. Orientar los propulsores del tercer transmisor para hacerlo caer en la influencia del agujero es una tarea delicada, digna de la mayor concentración. Pero el cuerpo humano recién descubierto era todo lo que le importaba.
“Entre todos esos soles habrá alguno que alumbre a una una raza a la que todavía le interese el cuerpo”. “El Sistema puede sustentar mi vida todavía unos quince años, y yo puedo ir más rápido que la luz”. Arrancó uno de los tubos para el cableado del transmisor y comenzó a golpear. Primero tímidamente, jamás había golpeado antes nada.
Luego con fuerza. Pudo sentir el asombro de millones de voces. Después, libertad. Libre de las ataduras de la Red.
Escapó más rápido que la luz, dejando al tercer transmisor a la deriva en la órbita baja de Cygnus X-1.
La Red comenzó a preguntarse el porqué del error de encomendar a un ser humano aquella misión perfectamente realizable por las máquinas. Rápido vieron la respuesta.
Es lo que sobrevive del Ego. Al punto más lejano del Cosmos jamás alcanzado habría de llegar representación de lo que todavía es la especie humana.
“Errar es de humanos y de máquinas, pero sólo las personas yerran cegadas por su ego”, la Red se resignó y comenzó a debatir.
Arturo Berrones
Monterrey, México
2011